En un escenario político y cultural fuertemente conmocionado, el intendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi, expresó su profundo agradecimiento a las cientos de miles de personas que se movilizaron pacíficamente para despedir a Carlos Alberto «El Indio» Solari.
El masivo velatorio, desarrollado bajo un estricto clima de conmoción y reverencia popular en el Polideportivo José María Gatica, se transformó en una de las mayores demostraciones de civilidad y cultura callejera que registre la historia reciente de la provincia de Buenos Aires.
A través de sus canales oficiales, el mandatario local elogió el comportamiento ejemplar de la militancia ricotera, destacando el «inmenso respeto» y el orden comunitario con el que se canalizó una marea humana que colapsó los accesos principales de la localidad bonaerense. Las declaraciones de Ferraresi operan no solo como una validación de la identidad popular, sino como un sutil contraste frente a la postura de la administración central de la Nación, que previamente le cerró las puertas del Palacio del Congreso a los restos del icónico artista.
Ante la negativa institucional en la Capital Federal, el municipio bonaerense y los ministerios provinciales debieron asumir el reto logístico de urgencia. La exitosa contención del evento —que incluyó un amplio despliegue de puestos sanitarios y un operativo de seguridad civil coordinado en los alrededores del Parque Domínico— demostró la capacidad de los gobiernos territoriales para ponerse al frente de los fenómenos pasionales más complejos, allí donde el poder central prefiere mirar hacia otro lado.
Con el cierre del acceso a la capilla ardiente y el inicio del duelo decretado en territorio provincial, Avellaneda se consolida como el epicentro histórico donde el pueblo de la provincia de Buenos Aires construyó su propio homenaje, blindando el legado de la mayor leyenda del rock nacional ante la indiferencia de los despachos oficiales.
