El sueño de la casa propia —o simplemente el mantenimiento del hogar— enfrenta vientos en contra. El costo de la construcción en la Argentina volvió a pisar el acelerador durante junio, registrando una suba mensual del 2,6%, superando el 2,3% observado en mayo. Según los últimos datos del INDEC, la dinámica inflacionaria del sector ya acumula un alza del 16,7% en lo que va de 2026 y roza un salto del 32,1% en la comparación interanual, consolidando una tendencia que complica tanto a las familias como a las empresas desarrolladoras.
El motor principal de este incremento no fueron los materiales, sino el factor humano. La mano de obra —impulsada por los recientes acuerdos paritarios de la UOCRA— trepó un 3,3% mensual y aportó 1,60 puntos porcentuales al resultado final, posicionándose como la variable que más presiona sobre el presupuesto de cualquier obra. Mientras tanto, los gastos generales, cargados por los ajustes en las tarifas de luz, gas y agua, sumaron un 2,8%, dejando a los materiales en un segundo plano con un avance más moderado del 1,8%.
Detrás de la suba: materiales y tarifas en la mira
Si bien la mano de obra lidera el podio de aumentos con un 38,7% interanual, el relevamiento de insumos enciende luces de alerta para quienes planean encarar reformas. En junio, los pisos de alfombra (+5,3%), los productos aislantes (+3,6%) y el cableado eléctrico (+3,3%) lideraron las alzas, reflejando cómo la volatilidad de precios sigue filtrándose en la cadena de valor de los productos terminados.
Con un escenario donde los servicios básicos (gas, agua y electricidad) también ajustan por decreto, el sector enfrenta una «tormenta perfecta» de costos. La construcción, históricamente utilizada como refugio de valor para los ahorros argentinos, hoy navega un terreno de incertidumbre donde el costo de reposición sube más rápido de lo que muchos bolsillos pueden soportar. La pregunta que queda flotando es cuánto más podrá resistir la demanda antes de que el sector sienta el impacto real de este encarecimiento sostenido.
