Con la atención del país volcada hacia la final del Mundial 2026, los pasillos de Casa Rosada comienzan a palpitar otro partido: el de la reelección de Javier Milei. Aunque desde el círculo más íntimo del Presidente insisten en que la prioridad absoluta es la «transformación de la Argentina» y no la disputa electoral, el comando libertario, bajo la batuta de Karina Milei y los primos Menem, ha empezado a mover las piezas para el 2027. La estrategia oficial busca equilibrar la gestión con un esquema que ya contempla alianzas, reformas electorales y la necesidad de blindar el Poder Ejecutivo ante cualquier futura disidencia.
El debate interno en el Gobierno es palpable. Mientras un sector considera que hablar de reelección es prematuro e incluso contraproducente, otro grupo de «tribus violetas» argumenta que la reforma del sistema democrático obliga a poner el tema sobre la mesa, especialmente para enviar señales de estabilidad a los mercados. En este tablero, el Ejecutivo evalúa opciones drásticas, como la eliminación o suspensión de las PASO y la implementación de un sistema de colectoras, buscando tejer acuerdos legislativos con gobernadores aliados que garanticen gobernabilidad.
El lugar del vicepresidente: ¿un puesto bajo la lupa?
Uno de los puntos más sensibles de la hoja de ruta hacia 2027 es la composición de la fórmula presidencial. La experiencia con Victoria Villarruel, marcada por cortocircuitos y una creciente autonomía de la Vicepresidenta, ha dejado una lección clara en Balcarce 50: el próximo compañero de fórmula debe ser, ante todo, un incondicional. En ese contexto, el nombre de Patricia Bullrich ha comenzado a ganar tracción como una opción de «confianza» para el binomio libertario, aunque su integración está sujeta a prueba de fuego en las próximas sesiones del Senado.
La relación con la actual vicepresidenta atraviesa su peor momento, agravada por el frustrado debate de la Ley de Propiedad Privada y las diferencias públicas tras la polémica por la causa judicial de Manuel Adorni. En el entorno de Milei lo tienen claro: «No vamos a permitir, después de lo que pasó con Villarruel, que el Vice no responda a Casa Rosada». Con este horizonte, el oficialismo se prepara para abandonar el perfil puramente legislativo y comenzar a diseñar una estructura electoral que, si bien se disfraza de «gestión», ya empieza a definir los nombres y las reglas para la próxima contienda presidencial.
