El nuevo producto se ofrece como una alternativa económica y nutritiva, pero divide opiniones por razones culturales.
La comercialización de carne de burro en la provincia de Chubut abrió un fuerte debate en redes sociales y entre consumidores, donde conviven el interés por su bajo costo y valor nutricional con el rechazo por cuestiones culturales y emocionales.
La iniciativa surgió como respuesta a las dificultades de la producción ovina en la región y a las limitaciones de los suelos patagónicos para el ganado vacuno. En ese contexto, productores locales comenzaron a apostar por la cría de burros como alternativa para consumo.
Tras una etapa experimental, la carne comenzó a venderse este mes a un precio estimado de $7.500 por kilo, lo que la posiciona como una opción más accesible frente a otras carnes tradicionales.
Desde el punto de vista nutricional, especialistas destacan que se trata de una carne magra, con bajo contenido de grasa y colesterol, y alto aporte de proteínas, aminoácidos esenciales y minerales como hierro, calcio y fósforo.
Sin embargo, la propuesta enfrenta resistencias. Diversos sectores cuestionan el consumo de este animal por su histórico rol en tareas rurales y el vínculo afectivo que muchas personas mantienen con él.
Mientras algunos la consideran una alternativa viable frente al aumento de precios, otros sostienen reparos culturales que podrían condicionar su expansión en el mercado.
