El arranque del Torneo Clausura para River Plate estuvo lejos de ser el esperado. El Millonario cayó por 1-0 ante Barracas Central en su propia casa, un duro revés que profundiza las dudas tras la reciente eliminación en la Copa Argentina ante Aldosivi. Con Eduardo Coudet cumpliendo una fecha de suspensión desde el banco visitante por su expulsión en la final del Apertura ante Belgrano, la conducción del equipo en el campo estuvo a cargo de su principal ayudante, Ariel Broggi.
El clima en Núñez se tornó espeso tras el gol tempranero del «Toro» Gonzalo Morales y la falta de respuestas futbolísticas, pese a la jerarquía de los refuerzos que sumó el plantel en este mercado, como Nicolás Otamendi y Ángel Correa. Por este motivo, la tensión escaló cuando, consumada la derrota, Ariel Broggi tomó la tajante decisión de no dar declaraciones ante la prensa, esquivando los micrófonos y eludiendo las preguntas que exigía un «Mundo River» golpeado por un nuevo traspié.
Un presente que obliga a levantar cabeza
La ausencia del Chacho en la línea de cal se sintió en un equipo que dominó la posesión pero careció de peso ofensivo para torcer la historia frente al planteo de Damián Ayude. Mientras los hinchas mastican bronca por este debut en falso, el cuerpo técnico sabe que el margen de error se achica peligrosamente en este segundo semestre.
La próxima parada será una prueba de carácter: River tendrá que visitar a Gimnasia en La Plata con la obligación imperiosa de sumar de a tres para calmar las aguas. Coudet volverá a estar al mando y la exigencia será máxima, ya que la paciencia de las tribunas empieza a agotarse y el funcionamiento del equipo necesita dar un giro urgente si pretende pelear arriba.
