El presidente de Estados Unidos analiza una combinación de sanciones económicas y negociaciones indirectas para destrabar la situación en el estratégico paso marítimo. Aunque por ahora prioriza la vía diplomática, tampoco descarta una operación militar vinculada al programa nuclear iraní.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, analiza distintas alternativas para conseguir la reapertura total del estrecho de Ormuz, frente a la negativa de Irán a flexibilizar sus condiciones. Por el momento, la estrategia de Washington apunta a profundizar la presión económica y mantener abiertos los canales de negociación indirecta, aunque la Casa Blanca tampoco descarta recurrir a una ofensiva militar si Teherán avanza en la preservación de su programa nuclear.
Trump sostiene que las condiciones económicas de Irán son cada vez más delicadas y que las sanciones pueden convertirse en una herramienta para presionar al régimen chiíta. Según la información que maneja el mandatario estadounidense, existe desabastecimiento, la inflación afecta los ingresos de la población y el acceso a divisas resulta insuficiente para sostener la logística militar.
“No tienen dinero: su país está hecho pedazos. Todo lo que tienen son NOTICIAS FALSAS y una INFLACIÓN DEL 300%, ¡y empeorando!”, publicó Trump en Truth Social. En el mismo mensaje, afirmó que Irán “es todo palabras y ninguna acción” y sostuvo que “el matón de Medio Oriente ya no lo es”.
En este escenario, el mandatario estadounidense busca utilizar la presión económica para impulsar una nueva ronda de negociaciones indirectas. Los contactos podrían involucrar a representantes de Pakistán, Egipto y Qatar, por un lado, y a enviados de la Guardia Revolucionaria y del líder religioso iraní Mojtaba Khamenei, por el otro.
Irán mantiene su ultimátum sobre Ormuz
La posición de Teherán, sin embargo, continúa siendo inflexible.
El general Mohsen Rezaee, representante de Mojtaba Khamenei en el Consejo Supremo de Seguridad Nacional, aseguró que el estrecho no será reabierto hasta que Estados Unidos finalice la guerra y el bloqueo, libere los activos iraníes congelados y acepte un alto el fuego regional que incluya Líbano y Gaza.
“El mensaje de Irán es claro: el Estrecho de Ormuz no reabrirá hasta que Estados Unidos termine la guerra y el bloqueo, libere los activos congelados de Irán y acepte un alto el fuego en toda la región”, advirtió Rezaee.
Su declaración, difundida a través de X y considerada una expresión de la postura oficial de la Guardia Revolucionaria, complica los planes de Trump porque evidencia que Teherán no parece dispuesto a ceder frente a una eventual nueva batería de sanciones.
Las exigencias iraníes son rechazadas por el presidente estadounidense. Trump no contempla levantar el bloqueo desplegado en la zona de Ormuz y solo aceptaría descongelar fondos iraníes como parte de un acuerdo general.
Además, mantiene su rechazo a que Hamas en Gaza y Hezbollah en Líbano conserven sus estructuras militares para avanzar contra Israel.
Diferencias dentro del entorno de Trump
La estrategia frente a Irán también genera distintas posiciones dentro del entorno del presidente estadounidense.
Los países de la Liga Árabe, entre ellos Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Bahréin y Arabia Saudita, advirtieron a Trump que una nueva ofensiva contra Irán podría agravar la situación en Medio Oriente y tener resultados limitados sobre la reapertura de Ormuz.
Una postura similar mantienen JD Vance, vicepresidente de Estados Unidos; Steve Witkoff, enviado especial para Medio Oriente; y Jared Kushner, yerno de Trump. Los tres sostienen los canales de comunicación abiertos con Teherán y coinciden con la conveniencia de avanzar mediante negociaciones.
En cambio, Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel; Marco Rubio, secretario de Estado; y Pete Hegseth, secretario de Guerra, consideran que las sanciones económicas podrían resultar poco efectivas frente a la consolidación del poder interno de la Guardia Revolucionaria iraní.
Según esta mirada, la estructura de poder iraní estaría dispuesta a soportar un deterioro económico y social con tal de preservar su posición.
Trump también mira el impacto del petróleo
Otro factor que pesa en las decisiones de Trump es el impacto económico que puede generar la situación en Ormuz.
El mandatario estadounidense analiza las consecuencias que podría tener una suba sostenida del precio del petróleo sobre la economía de Estados Unidos, especialmente de cara a las elecciones de medio término del 3 de noviembre.
Por ese motivo, la Casa Blanca apunta inicialmente a una estrategia basada en sanciones económicas y negociaciones, con el objetivo de evitar que la tensión internacional derive en un aumento de la inflación durante los meses previos a los comicios.
El paquete de nuevas sanciones está siendo diseñado por Scott Bessent, secretario del Tesoro, aunque todavía no se confirmó cuándo será anunciado oficialmente.
El programa nuclear, una segunda etapa
La estrategia de Trump respecto del programa nuclear iraní presenta otro nivel de tensión.
El presidente estadounidense no descarta recurrir a la vía militar para intentar eliminar la capacidad atómica de Irán si Khamenei y la Guardia Revolucionaria se niegan a entregar el uranio enriquecido que, según las sospechas planteadas en el conflicto, estaría oculto en la ciudad de Isfahan.
Sin embargo, esa posibilidad aparece por ahora como una segunda etapa dentro de la estrategia estadounidense.
Trump prioriza actualmente conseguir la reapertura del estrecho de Ormuz y, posteriormente, concentrarse en el desmantelamiento del programa nuclear iraní, una cuestión que genera preocupación en Estados Unidos, Europa, Israel y los países de la Liga Árabe.
