La cumbre entre los presidentes de Estados Unidos y China estuvo atravesada por la rivalidad tecnológica, la tensión comercial y los conflictos geopolíticos. La visita de Xi Jinping culminará este viernes con un recorrido junto a Donald Trump por los Archivos Nacionales de Washington.
La relación entre Estados Unidos y China atraviesa una etapa marcada por una competencia que excede ampliamente el terreno comercial. La rivalidad tecnológica, las tensiones alrededor de Taiwán, la guerra en Medio Oriente y la disputa por el desarrollo de la inteligencia artificial estuvieron entre los principales asuntos que abordaron Donald Trump y Xi Jinping durante la cumbre celebrada en Washington.
El encuentro entre los mandatarios se desarrolló en un contexto en el que ambas potencias buscan mantener abiertos los canales de diálogo, aunque persisten diferencias profundas en cuestiones estratégicas, económicas y geopolíticas. La inteligencia artificial y el comercio fueron parte de la agenda, mientras que Taiwán e Irán aparecen como otros dos puntos de tensión.
La visita de Xi concluirá este viernes con una actividad particularmente simbólica: Trump lo acompañará a los Archivos Nacionales, donde está previsto que ambos recorran documentos centrales de la historia institucional estadounidense, entre ellos la Declaración de Independencia, la Constitución y la Carta de Derechos.
Una cumbre marcada por el despliegue protocolar
La llegada de Xi Jinping a Washington estuvo acompañada por un importante despliegue protocolar. Trump recibió personalmente al mandatario chino en el aeropuerto, una señal poco habitual dentro del protocolo de las visitas oficiales.
La Casa Blanca también preparó una ceremonia de bienvenida con trompetas, banderas y una formación militar, seguida de una cena de Estado que reunió a más de 130 invitados, entre ellos figuras destacadas de la industria y la tecnología estadounidense, además de integrantes de la delegación china.
Trump y Melania Trump también ofrecieron a Xi y a su esposa, Peng Liyuan, un recorrido por las obras del futuro salón de baile de la Casa Blanca.
Durante la ceremonia, Trump volvió a describir su relación con Xi como una “verdadera gran amistad”, mientras que el presidente chino mantuvo un tono más reservado y habló de una “relación personal” entre ambos.
Xi puso el foco en la necesidad de que las dos potencias puedan “coexistir en paz” pese a sus diferencias y volvió a advertir sobre la denominada “trampa de Tucídides”, una teoría que sostiene que aumenta el riesgo de conflicto cuando una potencia emergente desafía a otra ya establecida.
El analista Ryan Hass, del laboratorio de ideas Brookings, interpretó el despliegue como una demostración de poder y consideró que el mensaje buscaba mostrar que ambos gobiernos pueden administrar la competencia dentro de límites tolerables.
En paralelo, Xi anunció algunas iniciativas destinadas a fortalecer los vínculos entre las sociedades de ambos países. Entre ellas, se encuentra la invitación a 100.000 jóvenes estadounidenses a China durante cinco años para participar de intercambios. También anunció el préstamo de dos pandas a un zoológico de Atlanta.
Taiwán, uno de los principales puntos de tensión
Más allá de las formalidades de la visita, uno de los temas más delicados para Beijing fue Taiwán.
Según informó la agencia estatal china Xinhua, Xi pidió a Estados Unidos que trate el asunto “con prudencia” y reclamó que Washington se oponga a la independencia de la isla, que China considera parte de su territorio.
El planteo se mantiene como uno de los principales puntos de conflicto entre ambas potencias. Para Beijing, la cuestión de Taiwán constituye un asunto central de soberanía, mientras que Estados Unidos mantiene vínculos de seguridad y cooperación con la isla.
El investigador Bates Gill, del National Bureau of Asian Research, consideró que eventuales declaraciones de Trump sobre Taiwán no necesariamente implicarían una modificación de fondo de la política estadounidense.
La cuestión también tiene una dimensión militar y comercial. La relación entre Washington y Taipei y las decisiones estadounidenses sobre la venta de armamento a Taiwán forman parte de las variables que Beijing sigue de cerca.
La guerra en Medio Oriente también entró en la agenda
Xi Jinping también manifestó su expectativa de que Estados Unidos e Irán alcancen un acuerdo mediante negociaciones lo antes posible.
China mantiene una relación estratégica con Irán y se opuso a la guerra impulsada por Estados Unidos e Israel. Washington, por su parte, busca que Beijing utilice su vínculo con Teherán para contribuir a reducir las tensiones y avanzar hacia una salida negociada.
El conflicto en Medio Oriente constituye así otro elemento que atraviesa la relación entre Washington y Beijing. Reuters había señalado antes de la cumbre que Estados Unidos veía a Xi como un actor con capacidad para ejercer presión sobre Irán, aunque también destacaba que Beijing había mostrado pocas señales de querer hacerlo.
La carrera por la inteligencia artificial
La inteligencia artificial representa otro de los grandes escenarios de competencia entre Estados Unidos y China.
Ambos países buscan avanzar en una tecnología considerada estratégica para la economía, la seguridad y el desarrollo tecnológico. Al mismo tiempo, existen preocupaciones compartidas sobre los riesgos que puede generar un desarrollo de la IA sin mecanismos adecuados de control.
Xi sostuvo que las dos potencias tienen la responsabilidad de garantizar que el desarrollo de la inteligencia artificial permanezca bajo control humano.
Trump, en cambio, expresó una posición diferente respecto de los pedidos de una regulación más amplia y señaló en su red Truth Social que quiere mantener el nivel actual de desarrollo.
En los días previos a la cumbre, funcionarios estadounidenses y chinos habían discutido incluso la posibilidad de establecer mecanismos de diálogo y notificación frente a incidentes relacionados con inteligencia artificial que pudieran afectar la seguridad nacional.
El especialista Dylan Loh, de la Universidad Tecnológica de Nanyang, señaló que existe un amplio consenso sobre los riesgos asociados a la IA, aunque no ocurre lo mismo respecto de la manera en que deben ser administrados.
La competencia tecnológica, además, está atravesada por una fuerte desconfianza entre ambos gobiernos y por las restricciones estadounidenses sobre tecnologías avanzadas.
Una tregua comercial con fecha de vencimiento
El cuarto gran eje de la cumbre fue la guerra comercial entre Estados Unidos y China, que durante 2025 generó fuertes tensiones y tuvo repercusiones sobre la economía mundial.
Antes de la llegada de Xi a Washington, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, anunció que las dos partes habían alcanzado un entendimiento para prolongar la tregua comercial. Sin embargo, el acuerdo tendría vigencia solamente hasta el 10 de enero.
Xi celebró el entendimiento, según informó Xinhua, aunque no se conocieron todos los detalles del acuerdo.
La continuidad de la tregua busca evitar una nueva escalada de aranceles y medidas comerciales entre las dos mayores economías del mundo. Reuters había señalado que uno de los principales objetivos de la reunión era precisamente determinar si el entendimiento comercial podía extenderse.
Para algunos analistas, la extensión permite a Washington y Beijing ganar tiempo y evitar una nueva confrontación mientras continúan negociando cuestiones más amplias.
Jared Mondschein, director de investigación del United States Studies Centre de la Universidad de Sídney, sostuvo que dentro de la administración estadounidense existen sectores interesados en estabilizar temporalmente la relación, al mismo tiempo que Estados Unidos busca reducir su vulnerabilidad frente a China.
Sin embargo, el especialista no consideró que el entendimiento implique necesariamente una transformación profunda o permanente de la rivalidad estratégica entre ambos países.
Dylan Loh también planteó que Beijing habría preferido una extensión más prolongada, aunque consideró que China es consciente de los límites de la negociación.
Así, la cumbre entre Trump y Xi deja una relación caracterizada por una combinación de cooperación limitada, competencia tecnológica, diferencias comerciales y disputas geopolíticas. El objetivo inmediato parece estar puesto en evitar una nueva escalada, mientras ambas potencias mantienen sus posiciones en los principales escenarios de confrontación.
