Un estudio interdisciplinario revela que el malestar emocional y la crisis financiera generados por el Covid-19 continúan afectando el núcleo familiar a cuatro años de la emergencia.
La Universidad Austral, en conjunto con instituciones de Chile y Ecuador, presentó los resultados de una investigación que certifica la vigencia del impacto sociosanitario en el país. El análisis de campo confirma que el sentimiento de soledad y el malestar psicológico no se disiparon con el fin de las restricciones, sino que se transformaron en cuadros crónicos debido a la prolongada cuarentena nacional.
El informe técnico destaca que la transición hacia la normalidad estuvo marcada por el fenómeno denominado miedo al exterior, afectando especialmente a niños y adolescentes. Los especialistas reportan un incremento en ataques de pánico y dificultades de regulación emocional en menores, quienes reflejan la angustia de un entorno adulto sumergido en un estado de alerta constante e incertidumbre sobre el futuro.
En el plano institucional, los profesionales advierten una crisis en el sistema de salud argentino producto del desfinanciamiento y el recorte de programas preventivos. Esta situación genera una brecha crítica de acceso, donde la consulta particular resulta económicamente inalcanzable para la mayoría de las familias, transformando la asistencia psicológica en un beneficio exclusivo mientras la demanda continúa en aumento.
La investigación concluye que la presión económica actúa como un estresor crónico que desgasta los vínculos familiares y limita la capacidad de resiliencia de los hogares. Lejos de ser un capítulo cerrado, las secuelas del confinamiento demandan una respuesta integral que reconozca la salud mental como un pilar esencial para la estabilidad social en la postpandemia.
El seguimiento de estos indicadores resulta prioritario para las autoridades sanitarias, dado que la intervención actual sigue siendo mayoritariamente reactiva frente a daños ya instalados en la población.
