Un informe filtrado del Pentágono revela que la administración de Donald Trump evalúa reconsiderar su postura diplomática sobre el archipiélago como represalia ante la OTAN.
La agencia de noticias Reuters difundió un memorándum interno del Departamento de Guerra de los Estados Unidos que plantea un giro histórico en la política exterior hacia el Atlántico Sur. El documento técnico sugiere que Washington podría dejar de apoyar la administración británica en las Islas Malvinas debido a la falta de alineamiento de los países de la OTAN, especialmente del Reino Unido, en el conflicto bélico que el gobierno norteamericano mantiene contra Irán.
La tensión escaló tras la negativa de Londres a permitir el uso irrestricto de sus bases militares para las operaciones aéreas en Medio Oriente. Ante este escenario, el secretario de prensa del Pentágono, Kingsley Wilson, ratificó que el presidente Trump solicitó «opciones creíbles» para sancionar a los aliados que no cumplen con los requerimientos estratégicos de la Casa Blanca, calificando la actual posición europea como la de un «tigre de papel».
El informe filtrado especifica que la reconsideración del apoyo a las «posesiones imperiales» de larga data es una herramienta de presión directa para disminuir el estatus diplomático europeo. Actualmente, el Departamento de Estado reconoce la administración británica sobre el archipiélago pero mantiene el registro de la reclamación soberana de la República Argentina, un equilibrio que el Pentágono propone quebrar a favor de los intereses regionales.
Fuentes oficiales indican que el conflicto personal entre Trump y el primer ministro Keir Starmer aceleró el análisis de estas medidas. La Casa Blanca busca forzar a sus aliados a conceder derechos de sobrevuelo y acceso a bases estratégicas, utilizando la neutralidad o el apoyo a los reclamos de soberanía de terceros países como moneda de cambio en la arquitectura de seguridad global.
La filtración del memorándum coloca la cuestión Malvinas en el centro de la disputa geopolítica entre Washington y Londres, abriendo una ventana de incertidumbre sobre el futuro reconocimiento diplomático del territorio.
