La senadora y el expresidente coordinan una agenda legislativa propia que complica los planes de la Casa Rosada y expone las debilidades del Gabinete nacional.
El escenario político en el Congreso de la Nación dio un giro drástico esta semana tras el posicionamiento autónomo de Patricia Bullrich. La jefa de la bancada oficialista en el Senado se desmarcó de la línea del Gobierno al exigir que el vocero Manuel Adorni anticipe su declaración jurada, mientras avanza en un acuerdo con Mauricio Macri para imponer el tratamiento de la Ley de Ficha Limpia.
La interna escaló cuando los alfiles de Karina Milei, Lule y Martín Menem, intentaron contener a Bullrich sin éxito. La senadora no solo mantuvo su postura sobre la reforma electoral, sino que también aseguró espacios estratégicos en comisiones bicamerales clave, como la de Fiscalización de Organismos de Inteligencia y la de Trámite Legislativo, restando control directo al Poder Ejecutivo.
Por su parte, Mauricio Macri utiliza el bloque del PRO como pieza de cambio fundamental. El expresidente tiene la llave para habilitar o frenar la interpelación de Adorni en la Cámara de Diputados, prevista para este jueves, donde se investigará el origen del patrimonio del funcionario y el uso de vuelos privados.
Desde el entorno presidencial admiten preocupación por esta sincronización entre Bullrich y el macrismo, interpretada como un reagrupamiento de fuerzas de cara a las elecciones de 2027. La Casa Rosada intenta ahora ordenar la tropa libertaria para evitar que el Congreso se convierta en un territorio dominado por la agenda de sus aliados.
La tensión se mantendrá elevada durante las próximas sesiones, donde la conformación de las comisiones y el avance de los pliegos judiciales pondrán a prueba la capacidad de resistencia del esquema de gobernabilidad de Javier Milei frente a sus propios socios.
