El USS Gerald R. Ford, el buque de guerra más grande y avanzado del planeta, concretó su retorno a Virginia tras casi un año en el mar. Entre misiones de combate de alta complejidad, la tripulación debió lidiar con un devastador incendio a bordo y severas fallas operativas.
El titán de la Armada de los Estados Unidos está de vuelta en casa tras hacer historia en los océanos. El USS Gerald R. Ford, considerado el portaaviones más grande y tecnológicamente avanzado del mundo, tiene previsto amarrar en la Estación Naval de Norfolk, Virginia, cerrando un despliegue operativo récord de casi un año en alta mar. El buque insignia de la gestión de Donald Trump se convirtió en la pieza central de la proyección militar estadounidense en el extranjero, habiendo cumplido un rol determinante en la histórica incursión militar de enero que culminó con la captura del derrocado presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, además de encabezar sucesivas oleadas de ataques en la reciente guerra con Irán.
La travesía del Ford, valuado en US$ 13.000 millones, no solo pasará a los libros por sus hitos geopolíticos, sino por ser el despliegue más extenso para un portaaviones de su bandera desde el fin de la Guerra de Vietnam, acumulando más de 320 días seguidos en operaciones. Para los 5.000 marineros y sus familias, el regreso marca el fin de un año de extrema tensión militar y desgastantes contingencias domésticas dentro del navío.
Del Caribe al Golfo Pérsico: Los hitos de la misión
- Operación contra Venezuela: Tras un paso inicial por el Mediterráneo y Noruega, el gigante fue redirigido al Caribe bajo órdenes de la Casa Blanca. El Ford sirvió como la principal plataforma de lanzamiento para las aeronaves de combate y apoyo que blindaron la incursión militar terrestre y posterior detención de Nicolás Maduro.
- Frente de tormenta en Irán: Concluida la misión en Sudamérica, cruzó a máxima velocidad el Atlántico para ingresar al Mar Rojo y al Mediterráneo Oriental, lanzando misiones aéreas masivas en el marco del conflicto abierto contra Teherán.
- La ventaja tecnológica: A diferencia del resto de la flota, el USS Gerald R. Ford cuenta con un sistema de catapulta electrónica único, capaz de propulsar desde pequeños drones espía hasta pesados cazas de combate de última generación a un ritmo récord.
Fuego y problemas sanitarios: El duro «Lado B» de la tripulación
No todo fue supremacía militar. El buque sufrió serios incidentes que pusieron a prueba la resistencia de los marineros:
Incendio a bordo: En marzo, un severo foco ígneo se desató en la lavandería principal del barco. La tripulación tardó más de 30 horas en extinguir el fuego y asegurar el área. El incidente no dejó víctimas fatales, pero unos 600 efectivos perdieron sus dormitorios por los daños y el humo, obligándolos a dormir en pasillos y comedores, sumado a la imposibilidad de lavar su indumentaria por semanas.
A esto se sumaron recurrentes fallas estructurales crónicas en el sistema de tuberías y pozos sépticos que afectaron de manera intermitente a casi 650 inodoros del buque, forzando paradas técnicas de emergencia en bases aliadas de Grecia y Croacia para poder mantener las condiciones mínimas de habitabilidad.
Con la llegada del Ford y sus destructores de escolta a las costas de Virginia, custodiados en el puerto por el Secretario de Defensa Pete Hegseth, concluye una era de patrullaje de alta intensidad. El coloso del mar entra ahora en una fase obligatoria de reparaciones profundas debido al severo desgaste de sus componentes, dejando atrás un despliegue que demostró tanto la letalidad de la nueva ingeniería naval norteamericana como los límites físicos de sus tripulantes en un planeta en constante conflicto.
