La alianza regional conocida como «Escudo de las Américas», impulsada por la administración de Donald Trump, ha roto el silencio sobre la crítica situación en Bolivia. En un comunicado conjunto, los 13 países miembro —entre los que se incluyen Argentina, Chile, Perú y Estados Unidos— condenaron lo que calificaron como «esfuerzos continuos por derrocar» al gobierno de Rodrigo Paz, en medio de un clima de extrema tensión social que ya lleva un mes de bloqueos y protestas.
Para la coalición, los cortes de rutas no son una movilización legítima, sino «falsos bloqueos» destinados a asfixiar a la población mediante el impedimento de suministros esenciales, como alimentos y medicamentos. La postura de la alianza subraya un respaldo cerrado a la administración de Paz, enmarcando los reclamos de las organizaciones obreras y campesinas —que exigen la renuncia del mandatario por denuncias de privatización y ajuste— como maniobras de grupos desestabilizadores que buscan el quiebre democrático.
Un país en vilo: represión y crisis económica
Mientras el Ejecutivo intenta normalizar el país mediante el uso de la fuerza, las cifras son alarmantes. La Defensoría del Pueblo confirmó al menos 10 fallecidos, más de 360 detenciones y decenas de heridos en medio de los operativos de desbloqueo. A este saldo humano se suma un desplome económico sin precedentes: el Ministerio de Turismo y la Cámara Nacional de Industrias estiman pérdidas conjuntas superiores a los US$ 3.300 millones, agravando una crisis de divisas e inflación que golpea a los bolivianos desde 2023.
El horizonte político se oscurece ante la posibilidad de un estado de excepción. Paz ya cuenta con el marco legal para intervenir con las Fuerzas Armadas sin necesidad de aval legislativo, una herramienta que, según sus propias palabras, es la «última opción», pero que permanece latente. En este escenario, la alianza liderada por Washington se planta como el principal garante externo del Gobierno de Paz, mientras la oposición, vinculada al entorno del expresidente Evo Morales, mantiene la presión en las calles bajo un conflicto que no encuentra una vía de diálogo clara.
