El líder del Frente Renovador rompe el silencio tras la caída de la imagen presidencial en las encuestas. Su estrategia oscila entre una revancha nacional y la consolidación de su influencia en la sucesión de Axel Kicillof.
Tras un prolongado silencio desde el balotaje de 2023, Sergio Massa ha vuelto a activar su estructura política con movimientos que sugieren un retorno al centro de la escena. El escenario actual, marcado por una inflación de marzo del 3,4% y un aumento del desempleo que ya se posiciona como la segunda preocupación ciudadana, ha revitalizado las expectativas del peronismo de cara a 2027. El exministro de Economía despliega hoy un «doble juego»: mientras sus mediciones propias lo ubican como el opositor mejor posicionado frente al gobierno nacional, se sienta a la mesa de la provincia de Buenos Aires para arbitrar una sucesión bonaerense que aún no encuentra un heredero natural.
La actividad de Massa se intensificó tras los últimos sondeos que ubican la imagen de Javier Milei por debajo de los 30 puntos. En encuentros recientes, como el asado con intendentes en San Vicente y la reunión mensual con Axel Kicillof en La Plata, el líder del Frente Renovador ha bajado una directiva clara a su tropa: el peronismo tiene chances reales si logra construir un proyecto que trascienda las fronteras del Partido Justicialista. Su estrategia nacional contempla la posibilidad de una candidatura presidencial propia, fundamentada en encuestas donde aparece incluso por encima del gobernador bonaerense.
En el plano provincial, el massismo busca blindar su territorio. Con el control de 17 municipios y ocho intendentes que cumplen su límite de mandato en 2027, la orden es retener los distritos propios y avanzar sobre el resto. Figuras como Juan Andreotti (San Fernando) y Sebastián Galmarini aparecen como piezas clave en este tablero, funcionando como prendas de negociación en una interna donde nombres como los de Jorge Ferraresi, Gabriel Katopodis o Federico Otermín ya comienzan a orbitar la gobernación.
La relación con Axel Kicillof se mantiene en términos de una «sociedad estratégica». Aunque Massa se ha encargado de enfriar las versiones de una candidatura propia a la gobernación, su objetivo parece ser retomar el rol de socio principal del Ejecutivo provincial. El acuerdo básico entre ambos dirigentes es garantizar que la disputa por la sucesión sea ordenada y sin desgastes internos prematuros, entendiendo que los matices en su visión económica son, según definen, complementarios ante el desgaste del modelo nacional.
Sin embargo, la gran incógnita reside en la resolución de las candidaturas nacionales. Mientras Juan Grabois ya lanzó su precandidatura y Máximo Kirchner insiste con el protagonismo de Cristina Fernández, Massa juega a la ambigüedad calculada. El desafío del Frente Renovador será definir si competirá en una interna presidencial contra el propio Kicillof o si resignará esa aspiración a cambio de un rol central en el armado político y el control de áreas estratégicas en un eventual futuro gobierno.
El tablero del peronismo bonaerense ha entrado en una fase de ebullición. Sergio Massa ha comprendido que el tiempo de la introspección ha terminado y que su capacidad de influir en el reordenamiento del PJ será determinante. Como «Vigía» de este proceso, el sector político observa si este regreso será para liderar una coalición renovada o para actuar como el gran equilibrista de una fuerza que busca recuperar el poder en 2027.
