El organismo destacó el cumplimiento de las metas fiscales y el fortalecimiento de las reservas. Con este aporte, el Gobierno de Javier Milei ya recibió el 75% del programa pactado en 2025.
En un nuevo paso hacia la consolidación del programa financiero vigente, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Gobierno argentino cerraron este miércoles el acuerdo técnico correspondiente a la segunda revisión del programa de facilidades extendidas. El visto bueno del organismo habilita el desembolso de 1.000 millones de dólares, elevando a 15.000 millones el total de recursos recibidos desde abril del año pasado. Si bien el directorio debe ratificar formalmente la decisión, el comunicado oficial destaca el «impulso reformista» de la gestión actual y la acumulación de reservas que supera los 5.500 millones de dólares en lo que va de 2026.
El respaldo del FMI se sustenta en el cumplimiento de los pilares fiscales y monetarios. El organismo ponderó positivamente la aprobación del presupuesto 2026 y las leyes de reforma laboral y minera, calificándolas como «legislación crucial» para la inversión. No obstante, el país continúa siendo el mayor deudor del multilateral, con una deuda total que supera los 57.000 millones de dólares, habiendo aumentado un 36% en los últimos doce meses. La dependencia de estos desembolsos es crítica, dado que Argentina aún no recuperó el acceso a los mercados internacionales de crédito.
El ministro de Economía, Luis Caputo, calificó el acuerdo como un paso fundamental para la estabilidad macroeconómica. Sin embargo, el desembolso llega en un momento de señales mixtas: mientras el frente fiscal muestra superávit y las reservas crecen, la inflación de marzo se ubicó en el 3,4%, marcando diez meses de subas consecutivas. Esta aceleración de precios, sumada a una informalidad laboral que ya alcanza el 43%, representa el mayor desafío para la sostenibilidad del plan económico en el mediano plazo.
Desde el organismo prevén un crecimiento económico del 1,4% para este año, aunque advierten sobre la fragilidad del consumo interno y el deterioro del poder adquisitivo. Por su parte, el presidente Milei ratificó en el foro de AmCham que no modificará el rumbo: la política de «caja cero» y la restricción monetaria seguirán siendo los ejes innegociables, con el objetivo de secar la plaza de pesos para forzar el colapso de la inflación, independientemente de las presiones sociales.
Los compromisos financieros para el resto del año siguen siendo exigentes. Argentina afronta vencimientos con el mismo FMI por 3.600 millones de dólares en 2026. En este contexto, cada desembolso funciona como un paliativo para cubrir las cuotas del préstamo récord de 2018. La estrategia oficial apuesta a que el ordenamiento de las cuentas públicas y la desregulación sectorial terminen por compensar la caída de la actividad económica y logren estabilizar los precios hacia el segundo semestre.
La aprobación del FMI otorga un respiro financiero al Banco Central, pero la mirada del mercado se traslada ahora a la calle. El Gobierno deberá demostrar que la estabilidad lograda en los indicadores macroeconómicos puede traducirse en una mejora tangible para una economía real que, entre la inflación y el desempleo, comienza a mostrar signos de creciente malestar.
