Agentes operativos de la inteligencia estadounidense habrían iniciado una campaña de ataques directos para desmantelar organizaciones criminales mediante el uso de explosivos y fuerzas paramilitares.
Fuentes de seguridad confirmaron que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) intensificó sus actividades encubiertas en México tras la designación de los carteles como organizaciones terroristas. El despliegue, ejecutado por la división especializada Ground Branch, marca un quiebre en la cooperación bilateral al incluir asesinatos selectivos de mandos medios.
La muerte de Francisco Beltrán, alias «el Payín», el pasado 28 de marzo, certifica el nivel de sofisticación de estas misiones. El vehículo del operador del Cartel de Sinaloa estalló en una autopista cercana a la capital mexicana mediante un artefacto oculto, método que las autoridades locales mantienen bajo estricto hermetismo informativo.
El Gobierno de México rechazó oficialmente la existencia de operaciones unilaterales extranjeras en su suelo. Sin embargo, la reciente muerte de dos operativos de la CIA en Chihuahua durante una redada no autorizada ratifica la presencia activa de fuerzas paramilitares estadounidenses en el país.
La estrategia actual no se limita a las cúpulas criminales, sino que ataca sistemáticamente vulnerabilidades en toda la red de tráfico. Este cambio de doctrina operativa asimila el combate al narcotráfico con las misiones antiterroristas desarrolladas por Estados Unidos en Medio Oriente.
La expansión de estas actividades encubiertas se mantiene bajo reserva oficial mientras la Casa Blanca prioriza la neutralización de las redes transnacionales de droga.
