La caída del consumo y la falta de financiamiento en cuotas golpean de lleno a las pymes bonaerenses. Tras 16 años de trayectoria, la creadora de la marca Clara Barceló detalló cómo la recesión la obligó a despedir personal, achicar su estructura de locales y realizar «malabares» para no quebrar ante la falta de respuestas de los bancos.
El entramado de las pequeñas y medianas empresas de la provincia de Buenos Aires enfrenta una de las encrucijadas más complejas de los últimos años debido al desplome de las ventas y la rigidez del sistema financiero. Clara Barceló, fundadora de una reconocida marca de calzado artesanal con 16 años de permanencia en el mercado local, describió el crítico escenario que atraviesa el sector productivo y textil. En declaraciones de prensa, la diseñadora advirtió sobre la inviabilidad de sostener las estructuras actuales bajo el esquema económico vigente, sintetizando la situación de los talleres y proveedores con una definición contundente: “Es una sábana corta, estamos todos como tirando y no nos alcanza a nadie”.
El impacto directo de la recesión económica forzó una drástica reconfiguración en la estructura interna de su firma. Tras haber alcanzado un despliegue comercial de ocho locales comerciales —entre puntos propios y franquicias— antes de la pandemia, la firma se vio obligada a replegarse. En la actualidad, el equipo directo quedó reducido a apenas siete personas luego de que a fines del año pasado se tuvieran que rescindir los contratos de tres empleados. Esta contracción laboral se replica de igual manera en las fábricas satélites con las que articula la producción: uno de los talleres calificados de su cadena de valor sufrió una reducción de su plantilla de operarios, pasando de 25 a tan solo 15 trabajadores debido a la merma en los pedidos.
Para intentar sostener el movimiento en el mostrador, la marca debió implementar estrategias de emergencia como la modalidad de preventa —fabricar exclusivamente sobre pedido cobrado para evitar la inmovilización de capital— y absorber parte de los aumentos de costos para no trasladarlos al precio final, resignando margen de ganancia. Barceló detalló que el componente que más incide en el valor del calzado es la mano de obra local y que la escasez de planes de financiación con cuotas sin interés destruyó la previsibilidad del comprador. Incluso dentro de los segmentos de mayor poder adquisitivo, la empresaria detectó un freno total en las decisiones de compra y un fuerte endeudamiento previo con las tarjetas de crédito.
El panorama se vuelve aún más alarmante en el frente financiero. La empresaria confirmó que arrastra severas deudas por créditos bancarios contraídos entre finales de 2024 y principios de 2025, los cuales originalmente estaban destinados a cancelar desajustes con proveedores y expandir la marca con nuevos locales. Al verse truncados esos planes por la parálisis del consumo, el cumplimiento de los compromisos se tornó imposible con el nivel de facturación actual. Frente a este ahogo, Barceló denunció la insensibilidad de las entidades bancarias a la hora de buscar una reestructuración lógica, señalando que el sector financiero «vive una realidad paralela» mientras la presión impositiva clausura cualquier intento de supervivencia o exportación de la manufactura argentina.
