Especialistas del sector inmobiliario señalan que el gasto en alquileres y expensas es marginal frente a la estructura total de costos y resaltan el impacto del entorno en el rendimiento laboral.
El mercado de oficinas en Buenos Aires atraviesa un cambio de paradigma impulsado por la necesidad de mejorar la eficiencia tras el regreso masivo a la presencialidad. Según informes del sector real estate, las empresas que priorizan el ahorro en metros cuadrados suelen enfrentar una caída en el clima laboral y en la generación de resultados, perdiendo el valor que aporta un espacio de trabajo de calidad.
Expertos del área sostienen que el enfoque tradicional de ver la oficina como un gasto fijo ha quedado desactualizado frente a las nuevas demandas corporativas. La luz natural, el confort y la circulación se consideran hoy activos productivos que influyen directamente en la concentración del talento y en la retención del personal especializado dentro de las compañías.
En grandes torres del corredor corporativo porteño y bonaerense, ya se mide una mejora en la eficiencia bajo esquemas presenciales, siempre que el entorno cuente con certificaciones de sustentabilidad y servicios modernos. La tendencia marca que las organizaciones líderes están dejando de evaluar el valor del alquiler como un problema para entenderlo como una inversión en el rendimiento del negocio.
La discusión actual se desplaza del precio del metro cuadrado hacia el valor que este devuelve a la empresa. En un contexto de alta competencia, el espacio de trabajo comienza a ser valorado con la misma relevancia que el capital humano contratado para cumplir con los objetivos anuales.
El mercado inmobiliario corporativo anticipa una consolidación de esta tendencia hacia el cierre del primer semestre, con una demanda creciente de espacios premium.
