Martín Lousteau analizó el proceso que llevó al aumento de la mora y señaló como factores centrales la pérdida de poder adquisitivo, el crecimiento de los gastos fijos y el agotamiento progresivo de los ahorros antes de que las familias recurrieran al crédito.
El crédito dejó de utilizarse únicamente para financiar compras de mayor valor, como un automóvil o un electrodoméstico, y comenzó a ocupar un lugar cada vez más importante en los consumos cotidianos. Tarjetas y billeteras virtuales son utilizadas por un número creciente de hogares para afrontar gastos habituales.
Para Martín Lousteau, este cambio en el destino del financiamiento ayuda a explicar el aumento de la mora. El diputado puso el foco en el proceso previo a los atrasos: la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, el incremento de los gastos que no pueden postergarse y el uso progresivo de los ahorros para mantener el nivel de consumo.
Según las cifras mencionadas por Lousteau, alrededor de 20 millones de argentinos tienen algún tipo de deuda, mientras que cerca de seis millones acumulan atrasos superiores a 90 días. Al contemplar tanto el crédito bancario como el no bancario, estimó que la morosidad llega al 17%.
La pérdida de ingresos y el agotamiento de los ahorros
De acuerdo con el análisis de Lousteau, el crecimiento del endeudamiento estuvo precedido por un deterioro en la capacidad de pago de los hogares.
Según sus estimaciones, el salario registrado tuvo una caída promedio del 10%, con una disminución del 5% en el sector privado y del 20% en el sector público. Al mismo tiempo, aumentaron las tarifas, el transporte y otros gastos que las familias no pueden simplemente dejar de afrontar.
La combinación de menores ingresos y mayores gastos redujo el dinero disponible y llevó a numerosos hogares a utilizar sus reservas para sostener el consumo.
Lousteau también señaló que la cantidad de cuentas de plazo fijo pertenecientes a personas físicas cayó casi un 40% y describió ese proceso con una expresión: “La gente se fue consumiendo el canuto”.
Cuando los ingresos dejaron de ser suficientes y los ahorros ya no alcanzaron para cubrir la diferencia, el crédito comenzó a ocupar ese lugar. “Una vez que otra vez tengo un nivel de consumo, no alcanzo, además tengo más gastos fijos, me consumí el ahorro, ¿qué me queda? Endeudarme”, planteó.
En ese escenario, sostuvo que el stock de financiamiento mediante tarjetas se duplicó entre comienzos de 2024 y mediados de 2025, mientras que los créditos personales se multiplicaron por cuatro.
Para Lousteau, ese crecimiento no se explica únicamente por una mayor intención de consumo, sino también por la necesidad de muchas familias de financiar sus gastos corrientes.
Cuando el crédito llega al supermercado
Uno de los aspectos centrales de su análisis fue el cambio en el destino del crédito. Según explicó, existe una diferencia entre recurrir a un préstamo para adquirir un bien durable y utilizar financiamiento para cubrir alimentos u otros consumos básicos.
Lousteau diferenció entre el crédito destinado a “suavizar el consumo” y aquel que se convierte en un “puente de que no te alcanza”.
El supermercado representa uno de los ejemplos más claros de esta transformación. Al citar datos de la encuesta de supermercados del INDEC, señaló que el uso de tarjetas de crédito como medio de pago aumentó del 37% al 44%.
Si se consideran conjuntamente las tarjetas y las billeteras virtuales, afirmó que la proporción pasó de poco más del 42% a más del 66%.
El contexto inflacionario también influyó en la lógica detrás de estas decisiones. Lousteau explicó que utilizar una tarjeta para comprar alimentos podía tener una justificación diferente cuando la inflación anual se ubicaba cerca del 200%.
“Pagar el supermercado con tarjeta de crédito cuando la inflación es doscientos por ciento es mucho más lógico que pagar el supermercado con tarjeta de crédito cuando la inflación es treinta”, sostuvo.
El problema aparece cuando el crédito deja de utilizarse como una herramienta para distribuir un consumo a lo largo del tiempo y empieza a compensar una insuficiencia de ingresos que se mantiene.
A esto se suma el costo del financiamiento. Lousteau cuestionó que los consumidores presten mayor atención al valor de la cuota que al costo total de la operación. “La gente mira la cuota y no la tasa”, resumió.
Los jóvenes y los deudores de menores ingresos
El deterioro de la capacidad de pago afecta especialmente a los sectores más jóvenes y a quienes tienen menores niveles de deuda.
Según los datos presentados por Lousteau, la mora alcanza al 40% entre las personas de 18 a 25 años, mientras que llega al 36% entre quienes tienen deudas inferiores a $90.000.
En este escenario, las plataformas digitales adquirieron un papel cada vez más relevante debido a la facilidad con la que permiten acceder al financiamiento.
Lousteau mencionó particularmente a Mercado Pago y advirtió que este tipo de crédito puede transformarse rápidamente en una obligación difícil de afrontar cuando los ingresos no resultan suficientes.
El diputado también cuestionó las interpretaciones que vinculan el aumento de la mora principalmente con nuevos consumos prescindibles.
Según explicó, entre quienes ya tenían deuda bancaria en abril de 2024, las personas que debían más de cinco salarios se cuadruplicaron y representan el 60% del total de la mora.
Las consecuencias de quedar en mora
El problema no se limita al momento en que se produce el atraso en el pago. Lousteau señaló que los deudores pueden quedar registrados en las centrales de riesgo y, como consecuencia, encontrar mayores dificultades para acceder posteriormente al sistema financiero.
Frente a esta situación, recordó las experiencias de refinanciación implementadas durante su paso por el Banco Central y el Banco Provincia.
En el Banco Provincia, según relató, se recalcularon las obligaciones y se establecieron planes de pago que, de acuerdo con su explicación, permitieron una quita del 40% y posibilitaron recuperar a miles de deudores.
Para el escenario actual, Lousteau planteó la posibilidad de abrir una instancia de negociación con los principales proveedores de financiamiento digital.
“¿Realmente no lo podés sentar a Mercado Pago a una mesa?”, planteó al reclamar una alternativa que permita refinanciar las deudas antes de que los atrasos se conviertan en situaciones permanentes.
El diagnóstico expuesto apunta a una transformación en la relación de los hogares con el crédito. Cuando los salarios pierden capacidad de compra, los gastos fijos aumentan y los ahorros comienzan a agotarse, las tarjetas y otras herramientas de financiamiento dejan de ser utilizadas únicamente para compras puntuales y pasan a ocupar un papel cada vez más importante para sostener la economía cotidiana.
