Camila Agustina Vecchiarello, de 26 años, había llegado a San Juan para formarse en Gendarmería y llevaba cinco meses casada con Carlos Gonzalo Riveros. Fue encontrada asesinada en un departamento de Barreal. Su marido estaba inconsciente y herido junto a ella y quedó detenido como principal sospechoso. La familia reclama justicia.
Un mensaje enviado a través de Instagram fue la primera señal de que algo grave había ocurrido. Una compañera de Camila Agustina Vecchiarello necesitaba comunicarse con algún integrante de su familia, pero no tenía ningún contacto. Buscó a un primo por su apellido y logró escribirle. De esa manera, la noticia llegó al hermano mayor de la joven, quien tuvo que comunicarle al resto de la familia que Camila, de 26 años, había sido asesinada en San Juan.
Vecchiarello era oriunda de Rosario y había viajado a comienzos de este año a San Juan para iniciar su formación en Gendarmería. Se instaló en Barreal y cursaba en el Escuadrón local, donde también se encontraba Carlos Gonzalo Riveros, quien poco después se convirtió en su pareja.
Aunque ambos se conocían previamente, comenzaron una relación durante este año. El vínculo avanzó rápidamente y, apenas cinco meses después, decidieron casarse.
Luego del compromiso, viajaron juntos a Rosario para completar algunos trámites y para que Riveros conociera a la familia de Camila. En ese momento, sus familiares lo consideraban la persona con la que la joven había elegido compartir su vida.
El hallazgo en el departamento
El domingo al mediodía, efectivos policiales encontraron a Camila sin vida en un departamento ubicado en la calle Cordillera de Ansilta al 48, en Barreal.
La joven estaba cubierta con una manta y sobre su cuerpo se encontraba Riveros, quien permanecía inconsciente pero todavía con vida.
El hombre fue trasladado de urgencia al hospital municipal. Allí recibió atención médica y fue dado de alta algunas horas después. Una vez que dejó el centro de salud, el juez de Garantías ordenó su inmediata detención.
Según la reconstrucción realizada hasta el momento, la pareja había llegado al departamento cerca de las 23 del sábado.
Alrededor de la 1.30 de la madrugada, uno de los vecinos escuchó un fuerte grito de una mujer. Los investigadores sospechan que ese habría sido el momento en el que Riveros atacó a Vecchiarello.
Esta hipótesis coincide con la estimación preliminar realizada por el médico legista sobre el horario de la muerte.
Los forenses determinaron que Camila recibió al menos nueve heridas cortopunzantes, principalmente en la zona del cuello y el rostro. Las lesiones le provocaron una hemorragia fatal.
Además, presentaba cortes en las manos, que para los investigadores serían compatibles con un intento de defensa frente al ataque.
Una carta encontrada en la escena
Durante las tareas realizadas en el departamento, los peritos encontraron sobre la mesa del comedor una carta escrita a mano.
En el texto, Riveros pidió disculpas a familiares y allegados de Camila por lo que había hecho. También hizo referencia al intento de suicidio que habría protagonizado.
El hombre quedó detenido y es el principal sospechoso del crimen.
El dolor de la familia: “Fue nuestra muñequita”
Para Hernán, hermano de Camila, hablar de ella significa recordar a la menor de una familia integrada originalmente por cuatro hijos varones.
“Era todo. La última hija luego de cuatro hijos varones. Fue nuestra muñequita. Llegó a iluminarlo todo hasta que la apagaron de esta forma”, expresó .
Con la voz quebrada por el dolor, agregó: “Es pesado, estamos juntando los pedazos. Estamos muertos en vida. Es demasiado duro, pero tenemos que ser fuertes por mis viejos”.
Hernán describió a su hermana como una mujer luchadora, con una personalidad que le permitía salir adelante incluso en momentos difíciles.
“Pero ella no la pasó bien. Las cosas no le fueron fáciles y siempre fue resiliente”, señaló.
Camila había enfrentado distintas dificultades durante su formación, pero mantenía firme su vocación de servicio y su decisión de continuar con la carrera.
“En la fuerza hay instructores que no estaban capacitados para estar ahí, pero ella seguía”, recordó su hermano.
Además de su formación en Gendarmería, la joven estaba muy cerca de alcanzar otro objetivo personal: recibirse de enfermera, una carrera que había elegido porque, según su familia, “siempre quería servir al prójimo”.
Durante los meses que permaneció en San Juan también había construido vínculos importantes. Fueron justamente sus compañeras del Escuadrón quienes comenzaron a buscar desesperadamente algún contacto de su familia para poder comunicarles lo sucedido.
Después del crimen, vecinos y allegados también participaron de una marcha para reclamar justicia.
“Como hermano me da un orgullo enorme. Eso demuestra que a veces no hace falta tener 20 años de amistad para que la gente te ame. La adoraban a donde iba, caía bien en todos lados. Por eso dolió tanto saber que sufrió un asesinato tan macabro”, manifestó Hernán.
Las señales que la familia no pudo interpretar
Meses antes del femicidio, Camila y Riveros habían viajado juntos a Rosario durante la licencia por el casamiento. En esas semanas, la familia no detectó comportamientos que permitieran anticipar un desenlace de esta gravedad.
“En las dos semanas que vinieron a hacer trámites parecía un pibe macanudo, aunque por momentos se mostraba engreído. Mi hermana tenía carácter, pero era muy dulce y alegre”, contó Hernán.
Con el paso del tiempo, sin embargo, aparecieron algunas situaciones que comenzaron a preocupar a quienes rodeaban a Camila.
La joven les había contado algunos conflictos y tensiones dentro de la relación, pero nunca llegó a pedir ayuda de manera explícita.
“Todos leíamos entre líneas que algo pasaba. Quisimos ayudarla de mil formas, pero ella no pudo pedir auxilio o apostó a que él no era lo que parecía. Un enojo de mala forma hoy, otro mañana… jamás pensó que él iba a cometer tal atrocidad”, sostuvo su hermano.
Una semana antes del femicidio se produjo además un episodio que la familia considera relevante: Riveros había quedado descalificado de la carrera de Gendarmería.
“Le molestaba que ella fuera una mujer linda e inteligente. Él quedó desestimado de la fuerza una semana antes y eso le pesó. Se desbordó con mi hermana”, analizó Hernán.
Y agregó: “Fue con alevosía, sacado, celoso, incapaz de aguantar a la persona que tenía al lado”.
Al recordar la velocidad con la que se desarrolló la relación y el posterior casamiento, el hermano de Camila reconoció que fue una decisión apresurada, aunque remarcó que nadie podía imaginar el desenlace.
“Fue un paso apresurado, sí, pero uno nunca piensa que va a estar al lado de alguien tan atroz. Puede haber errores en una pareja, pero no esto. Nadie entra a una relación esperando semejante final”, reflexionó.
El padre de Camila y su hermano mayor viajaron a San Juan para reconocer el cuerpo y hacerse cargo de sus pertenencias.
Ahora, la familia aguarda en Rosario el traslado de los restos para poder realizar el velatorio y despedirla en la ciudad donde nació.
“Va a ser en la ciudad donde nació, un velatorio digno para ella”, expresó Hernán.
En medio del dolor, el hermano de la joven también dejó un fuerte pedido de justicia y advirtió sobre otras mujeres que atraviesan situaciones de violencia.
“Esto no puede quedar así. Hoy fue Camila, pero hay muchas otras mujeres que sufren lo mismo al lado de tipos como éste”, manifestó.
