La embajadora guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett obtuvo ocho votos favorables en la segunda consulta del Consejo de Seguridad y quedó al frente. Rafael Grossi conservó siete apoyos, pero sumó más rechazos y deberá buscar nuevos respaldos para seguir competitivo.
La carrera por la sucesión de António Guterres al frente de Naciones Unidas volvió a modificar su escenario tras la segunda votación indicativa realizada por el Consejo de Seguridad.
La embajadora de Guyana ante la ONU, Carolyn Rodrigues-Birkett, pasó a encabezar la competencia con ocho votos favorables, mientras que el argentino Rafael Grossi mantuvo los siete apoyos obtenidos en la primera consulta. Sin embargo, el director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) recibió una mayor cantidad de votos negativos, lo que representa una señal desfavorable para su candidatura.
La consulta se realizó a puertas cerradas y de forma anónima. Los 15 integrantes del Consejo de Seguridad debieron pronunciarse sobre los candidatos mediante tres opciones: “apoya”, “no apoya” o “sin opinión”.
Rodrigues-Birkett consiguió ocho votos a favor, cuatro en contra y cuatro sin opinión, resultado que le permitió avanzar al primer lugar y desplazar a la costarricense Rebeca Grynspan, quien había quedado mejor posicionada durante la primera ronda.
Grossi, en tanto, conservó sus siete votos favorables, pero pasó de tener dos rechazos en la primera consulta a recibir seis votos en contra en esta oportunidad.
La expresidenta chilena Michelle Bachelet obtuvo dos votos positivos y seis negativos.
Tras conocerse los resultados, el embajador de la República Democrática del Congo, Zenon Ngay Mukongo, consideró que todavía es temprano para hablar de un consenso en torno a alguno de los postulantes.
Rodrigues-Birkett tomó la delantera
La segunda ronda produjo cambios en el escenario de la sucesión de Guterres. Rodrigues-Birkett consiguió ocho respaldos y quedó primera, mientras que Grynspan perdió el lugar de privilegio que había alcanzado en la consulta anterior.
De todos modos, las votaciones indicativas no constituyen una elección definitiva. Se trata de un mecanismo interno y confidencial que permite al Consejo de Seguridad medir el respaldo de los postulantes y conocer cuáles tienen mayores posibilidades de avanzar.
En el caso de Grossi, sus siete apoyos todavía lo mantienen entre los principales candidatos. Sin embargo, el aumento de los votos negativos supone un obstáculo que deberá intentar revertir en las próximas instancias.
Qué falta para elegir al próximo secretario general
Las votaciones indicativas son informales y confidenciales y sus resultados no son difundidos oficialmente por Naciones Unidas. El mecanismo sirve para evaluar las posibilidades de cada candidato antes de avanzar hacia la definición formal.
El procedimiento está contemplado en el Artículo 97 de la Carta de Naciones Unidas. La designación corresponde a la Asamblea General, pero previamente el candidato debe ser recomendado por el Consejo de Seguridad.
Para conseguir esa recomendación, el postulante necesita reunir al menos nueve votos favorables y, además, evitar el veto de cualquiera de los cinco miembros permanentes del organismo: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido.
Por eso, además de aumentar sus apoyos, los candidatos deberán conseguir que ninguna de las potencias con poder de veto bloquee su postulación.
Ocho candidatos continúan en carrera
Por el momento, son ocho los postulantes que buscan suceder a Guterres, cuyo segundo mandato finalizará el 31 de diciembre.
La nómina está integrada por:
- Rafael Grossi, Argentina.
- Carolyn Rodrigues-Birkett, Guyana.
- Rebeca Grynspan, Costa Rica.
- Michelle Bachelet, Chile.
- María Fernanda Espinosa, Ecuador.
- Ivonne A-Baki, Ecuador.
- Olara Otunnu, Uganda.
- Macky Sall, Senegal.
La competencia mantiene una importante presencia de candidatos provenientes de América Latina y el Caribe, una región que busca que el próximo secretario general surja de su ámbito.
Una elección atravesada por el reclamo de una mujer
El proceso de sucesión también está marcado por otro factor: el pedido para que una mujer llegue por primera vez a la Secretaría General de Naciones Unidas en los 80 años de historia de la organización.
A esto se suma la tradición informal de alternancia geográfica, que favorece las aspiraciones de América Latina y el Caribe.
La elección se desarrolla, además, en un escenario internacional complejo, con conflictos abiertos, dificultades para alcanzar acuerdos entre las principales potencias y problemas financieros que afectan las operaciones humanitarias y las misiones de paz de Naciones Unidas.
La administración de Donald Trump también cuestionó el rol y el financiamiento del organismo, sumando presión a un proceso que deberá desarrollarse en medio de fuertes divisiones internacionales.
Grossi busca recuperar terreno
La definición todavía podría extenderse durante semanas o incluso meses. El Consejo de Seguridad deberá continuar evaluando a los candidatos hasta encontrar una candidatura capaz de reunir los apoyos necesarios para ser elevada a la Asamblea General.
Para Rafael Grossi, el próximo desafío será recuperar respaldo y reducir la cantidad de votos negativos que recibió en la segunda consulta.
El argentino continúa en carrera, pero los resultados de esta ronda muestran que deberá sumar apoyos y revertir resistencias si pretende avanzar hacia la instancia definitiva de la elección.
