El asalto quedó registrado por las cámaras de seguridad. Mientras uno de los delincuentes mantenía encerrada a la empleada, su cómplice se puso detrás del mostrador, cobró una compra mediante QR y luego escapó con dinero, mercadería y un celular.
Un insólito episodio ocurrió durante las últimas horas en un kiosco de Cipolletti, Río Negro, donde dos delincuentes ingresaron para llevarse la recaudación. Toda la secuencia duró apenas unos minutos, pero quedó registrada por las cámaras de seguridad del comercio.
En las imágenes se observa el momento en que los asaltantes ingresaron al negocio. Uno de ellos redujo a la empleada, que en ese momento se encontraba detrás del mostrador contando la recaudación del día, y luego la encerró en el baño.
Mientras tanto, su cómplice permaneció cerca de la entrada del kiosco para hacer de campana y controlar que ninguna persona interrumpiera el robo.
Hasta ese momento, el asalto se desarrollaba sin mayores inconvenientes para los delincuentes. Sin embargo, la situación cambió cuando ingresó una clienta al comercio.
El ladrón se puso a atender como si fuera empleado
Para evitar levantar sospechas, uno de los delincuentes tomó una decisión insólita: se colocó detrás del mostrador y comenzó a atender a la clienta como si fuera un trabajador más del kiosco.
El hombre tomó los productos que había elegido la mujer, pasó la compra por la caja y realizó el cobro mediante QR.
Pero la escena no terminó allí. Antes de que la clienta se retirara del negocio, el delincuente incluso le entregó el ticket de la compra.
La mujer aparentemente no advirtió que quien acababa de cobrarle era uno de los asaltantes que estaba robando el comercio.
Una vez que la clienta se fue, los delincuentes continuaron con el asalto y finalmente escaparon con distintos elementos del kiosco.
Entre lo robado se encontraba el dinero en efectivo de la recaudación, la caja correspondiente a la quiniela y el teléfono celular de la empleada.
Se llevaron dinero, mercadería y un celular
Según informó La Mañana de Cipolletti, el teléfono celular sustraído tenía un valor estimado de $500.000.
A ese elemento se sumaron parte de la mercadería del comercio y el dinero en efectivo que había en el lugar.
En total, la suma correspondiente al efectivo rondaba otros $500.000, además del resto de los objetos sustraídos durante el robo.
La dueña del kiosco se refirió al episodio con una combinación de indignación e ironía y puso el foco en el particular momento en que el delincuente atendió a la clienta.
“Al menos en este robo se puso a atender y me devolvió unos pesos por QR de las compras”, comentó ante medios locales.
Toda la secuencia quedó registrada por las cámaras de seguridad del kiosco, cuyas imágenes permitieron reconstruir los diferentes momentos del asalto y el insólito comportamiento de uno de los delincuentes.
