El mandatario estadounidense advirtió sobre una toma de control inmediata de la isla y confirmó el envío del USS Abraham Lincoln tras concluir operaciones en Irán.
Desde Florida, el presidente Donald Trump ratificó el endurecimiento de la política exterior hacia La Habana mediante la imposición de nuevas sanciones financieras y migratorias. La Casa Blanca calificó al gobierno cubano como una amenaza extraordinaria para la seguridad nacional y sugirió la posibilidad de una intervención militar directa una vez finalizados los compromisos bélicos en Medio Oriente.
El despliegue naval incluiría al portaaviones más grande del mundo, el cual se posicionaría a escasos metros del territorio cubano para forzar una rendición. Esta declaración coincide con la firma de un decreto que bloquea las operaciones de bancos extranjeros que colaboren con la administración de Miguel Díaz-Canel, agravando la crisis económica en la región.
Por su parte, el gobierno cubano respondió con una movilización masiva frente a la embajada de Estados Unidos en La Habana durante la jornada del Día de los Trabajadores. El presidente Díaz-Canel rechazó las medidas coercitivas y calificó el accionar de Washington como una conducta intimidatoria, reafirmando la postura de resistencia ante lo que consideran un bloqueo genocida.
La tensión diplomática alcanza niveles críticos tras la implementación de restricciones petroleras que solo permiten el ingreso de crudo proveniente de Rusia. A pesar de los canales de diálogo abiertos recientemente entre funcionarios de ambos países, la retórica de agresión militar desplaza cualquier intento de acercamiento diplomático en el corto plazo.
El escenario internacional se mantiene en alerta ante el posible movimiento de tropas y activos estratégicos en el Caribe durante las próximas semanas.
