El balance financiero del Mundial 2026 genera dudas entre especialistas. Aunque los indicadores económicos no reflejan el impulso esperado, el torneo dejó beneficios sociales y culturales que también forman parte del análisis.
La pregunta sobre si el Mundial 2026 valió la pena para Estados Unidos suele analizarse desde el aspecto económico: comparar los ingresos generados por el torneo con el dinero destinado a su organización. Bajo ese criterio, distintos indicadores muestran que el impacto financiero estuvo por debajo de las expectativas.
Los datos disponibles no evidencian un crecimiento económico significativo asociado al certamen. No se registró el aumento previsto del empleo, las tarifas hoteleras no mostraron incrementos importantes, las ventas minoristas desaceleraron su crecimiento durante junio y las tarifas aéreas permanecieron prácticamente sin cambios. El turismo, además, se mantuvo estable.
No obstante, determinar el verdadero efecto económico de un evento de estas dimensiones resulta complejo, ya que resulta difícil diferenciar el impacto específico del Mundial dentro de una economía del tamaño de la estadounidense.
La FIFA había proyectado un escenario mucho más favorable. En un informe difundido en marzo de 2025, estimó que la organización del torneo demandaría una inversión de 13.900 millones de dólares, de los cuales Estados Unidos asumiría 11.100 millones. Según ese cálculo, el beneficio económico global alcanzaría los 80.100 millones de dólares, incluyendo 30.500 millones para Estados Unidos, además de la creación del equivalente a 185.000 puestos de trabajo de tiempo completo.
Sin embargo, los indicadores posteriores no reflejaron ese impacto. Según la Oficina Nacional de Viajes y Turismo, las visitas al país crecieron apenas un 0,2% respecto al mismo mes del año anterior. El incremento estuvo impulsado principalmente por turistas provenientes de África y América del Sur, mientras que las llegadas desde Europa y Asia registraron caídas.
El informe de inflación también mostró un efecto limitado del Mundial. Los precios de los hoteles disminuyeron un 2,8%, las tarifas aéreas prácticamente no variaron y las actividades recreativas aumentaron apenas un 0,5%.
En materia laboral, el informe de empleo de junio reflejó una reducción de 61.000 puestos de trabajo en el sector de ocio y hotelería, además de una caída cercana a los 5.000 empleos en el comercio minorista. Al mismo tiempo, las ventas minoristas crecieron apenas un 0,2%, por debajo del aumento registrado durante mayo.
A nivel local sí se observaron algunos efectos positivos. Según datos de Fiserv, las ventas de pequeñas empresas en las ciudades que fueron sede del Mundial crecieron un 4,1% durante junio, mientras que en las grandes ciudades que no recibieron partidos el incremento fue del 1,8%.
Boston fue la ciudad que registró el mayor crecimiento, con un aumento del 7,6% en las ventas de pequeños comercios. No obstante, la Reserva Federal señaló que buena parte de esa mejora estuvo vinculada al incremento en las ventas de cerveza y que la ocupación hotelera solo alcanzó niveles habituales luego de ofrecer descuentos.
Especialistas también señalaron que otros factores externos influyeron en la actividad económica durante el torneo. Entre ellos, la guerra en Irán impulsó los precios del petróleo y redujo parte del consumo, lo que habría compensado parte del movimiento generado por la Copa del Mundo.
Además de la dificultad para medir el impacto económico, los analistas advierten que también resulta complejo establecer el verdadero costo del evento. En ese sentido, recuerdan que, aunque no fue necesario construir nuevos estadios, esas infraestructuras ya habían sido financiadas previamente con recursos públicos.
Entre los principales beneficiados aparecen la FIFA, que según Bloomberg Intelligence podría haber obtenido alrededor de 9.000 millones de dólares por la venta de entradas, además de unos 1.100 millones por los derechos televisivos en Estados Unidos. También obtuvieron ingresos los propietarios de los estadios y las empresas de apuestas deportivas.
Más allá de los números, el Mundial también dejó beneficios difíciles de medir económicamente. El torneo reunió a millones de personas alrededor del fútbol, impulsó la actividad de bares y espacios gastronómicos, fortaleció el interés por este deporte y consolidó su crecimiento dentro de Estados Unidos.
Actualmente, el fútbol ocupa el cuarto lugar entre los deportes profesionales más populares del país, detrás del fútbol americano, el béisbol y el básquetbol, según una encuesta de Gallup. Los especialistas consideran que el Mundial también podría representar un impulso para el fútbol juvenil y para la Major League Soccer (MLS), como ocurrió tras la Copa del Mundo de 1994.
Para algunos analistas, aunque los beneficios económicos no resulten concluyentes, existen otros efectos positivos vinculados a la integración social, el turismo y la promoción del deporte, aspectos que también forman parte del balance que deja un evento de esta magnitud.
