Réplicas, armas reales en redes sociales y un «vale todo» en las aulas bonaerenses mientras los preceptores se ríen en la cara de los alumnos que tienen miedo.
La educación pública y privada en el AMBA y La Plata se convirtió en una película de terror, pero sin efectos especiales. Florencia, una alumna que vivió el pánico en carne propia, rompió el silencio y mandó al frente a todos: desde el pibe que llevó una réplica de revólver para «hacerse el loco» hasta los docentes que, lejos de proteger a los chicos, se burlan de la situación. ¿En qué momento el aula pasó de ser un lugar de aprendizaje a una zona de guerra?
Lo que indigna no es solo el pibe armado, sino la complicidad del silencio. Según el relato de los propios estudiantes, mientras ellos llamaban a la policía muertos de miedo, los preceptores hacían chistes sobre «matar a los que tienen que recursar». Una vergüenza total que demuestra que las autoridades escolares perdieron el norte o, peor, que ya no les importa nada de lo que pase en los pasillos.
La situación en La Plata no es mejor. Una chica de 16 años del Colegio Nuestra Señora de Luján se paseó por las redes sociales empuñando un arma y amenazando a sus compañeros. ¿Dónde están los padres? En uno de los casos, la justicia tuvo que imputar a la madre por «instigadora», porque fue ella misma quien le dijo al hijo que llevara el arma. Con familias así, ¿qué podemos esperar de los pibes?
Ahora la solución «mágica» de la Dirección General de Escuelas es que los chicos lleven los útiles en bolsas de plástico transparentes y poner custodia policial. Es decir, tratar a los alumnos como si estuvieran entrando a un penal de máxima seguridad en lugar de atacar el problema de fondo: la violencia marginal que se coló en las escuelas y el descontrol absoluto de las redes sociales.
«Tengo miedo de volver», dice Florencia. Y tiene razón. El miedo es el único que no falta a clases. Mientras tanto, los comunicados oficiales no aparecen y los directivos miran para otro lado esperando que el próximo mensaje en el baño de un colegio no sea el anuncio de una tragedia que ya todos vemos venir.
