La disputa entre Karina Milei y Santiago Caputo escala a niveles críticos, afectando la gestión en segundas líneas y condicionando la estrategia electoral en territorio bonaerense.
El Gobierno nacional atraviesa su mayor proceso de tensión interna desde el inicio de la gestión. La confrontación directa entre la Secretaría General de la Presidencia y el asesor Santiago Caputo ha dejado de ser una diferencia de criterios para transformarse en una descomposición de la pirámide de mando. Este escenario de parálisis operativa coincide con un rebrote inflacionario acumulado y el fallo judicial que obliga al Ejecutivo a desembolsar 2,5 billones de pesos para el financiamiento universitario, poniendo en riesgo la meta del déficit cero.
En la Provincia de Buenos Aires, el impacto es inmediato. La guerra entre los sectores territoriales, alineados con Sebastián Pareja, y la estructura digital de «Las Fuerzas del Cielo», ha derivado en cambios drásticos en la Legislatura provincial. El desplazamiento de Agustín Romo —vinculado a Caputo— de la presidencia de la Cámara de Diputados bonaerense en favor de Juan Osaba, marca un triunfo táctico para Karina Milei en su objetivo de controlar el armado hacia 2027.
La respuesta de Balcarce 50 ante el ahogo financiero es el ajuste drástico. Fuentes oficiales confirman que, para cumplir con el pago a las universidades sin emitir deuda ni generar déficit, la variable de ajuste serán nuevamente los fondos transferidos a las provincias. Esta decisión tensa la relación con los gobernadores aliados y envalentona a una oposición que, con Mauricio Macri a la cabeza, empieza a tomar distancia del modelo oficialista.
El acto programado para este sábado en Suipacha será el termómetro de la crisis. La presencia confirmada de «El Jefe» junto a Sebastián Pareja busca ratificar la autoridad de la hermana presidencial sobre el territorio bonaerense, desafiando abiertamente la estrategia de negociación que impulsa el ala de Caputo.
La gobernabilidad queda sujeta a la resolución de esta interna. Mientras los indicadores económicos muestran fisuras, la base libertaria se fragmenta entre quienes priorizan la construcción partidaria pura y quienes buscan acuerdos de supervivencia política.
