El sur de España atraviesa horas de angustia absoluta tras el devastador incendio forestal que ya arrasó con más de 6.600 hectáreas en Almería. Lo que comenzó el pasado jueves como un accidente por la caída de un poste de alta tensión en la localidad de Los Gallardos se transformó en una catástrofe humana y ambiental sin precedentes: el balance oficial contabiliza 12 fallecidos, 23 personas desaparecidas y al menos 1.400 ciudadanos obligados a abandonar sus hogares.
El avance del fuego, que por momentos llegó a propagarse a una velocidad alarmante de cien metros por minuto, ha puesto en jaque los protocolos de emergencia. El ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, no dudó en señalar a la «emergencia climática» como el factor determinante para este comportamiento errático del incendio, una realidad que se siente con crudeza en un terreno donde la sequía y las condiciones extremas convirtieron a la vegetación en un polvorín.
Una «ventana de oportunidad» frente al fuego
Tras días de lucha ininterrumpida contra un enemigo indomable, el responsable regional de Emergencias, Antonio Sanz, informó que finalmente se ha abierto una «ventana de oportunidad» gracias a una mejora en las condiciones meteorológicas: la baja del viento y el aumento de la humedad han permitido que, por primera vez, las fuerzas de seguridad pasen a una fase de ataque directo sobre las llamas. Un despliegue monumental de 500 efectivos en tierra y 22 medios aéreos trabaja ahora contrarreloj para evitar que el fuego alcance nuevas zonas habitadas.
Mientras las brigadas intensifican los trabajos para contener el perímetro, la comunidad internacional ha volcado su respaldo hacia el país ibérico. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, agradeció las muestras de apoyo recibidas ante un escenario que ha conmocionado a España. Para los 23 desaparecidos y sus familias, cada hora es un calvario; para la provincia de Almería, la reconstrucción será una tarea larga que comenzará solo cuando el último foco, finalmente, sea extinguido.
