El peronismo bonaerense ya empezó a jugar el partido de 2027 y, lejos de esperar las órdenes de la cúpula, un grupo de intendentes del Conurbano decidió mover sus propias piezas. Federico Achával (Pilar), Gastón Granados (Ezeiza), Federico Otermín (Lomas de Zamora) y Nicolás Mantegazza (San Vicente) han consolidado un eje de poder territorial que busca romper la hegemonía de las «tribus» históricas. No se presentan como una rebelión, sino como una mesa de diálogo necesaria: su objetivo es que la próxima candidatura a la Gobernación surja de la experiencia de la gestión municipal, un bastión donde el peronismo aún conserva músculo.
El grupo, que ya ha mantenido encuentros clave con figuras disidentes como Fernando Gray y otros referentes del interior como Federico Susbielles, apuesta a la unidad, pero no a cualquier precio. La consigna es clara: si no hay consenso para un candidato de consenso en la mesa chica, las PASO son una herramienta válida. «El sucesor de Kicillof tiene que salir de las filas de los intendentes», disparan desde el entorno de este armado, que ya utiliza el fútbol como punto de encuentro para tender puentes con el massismo y otros sectores de Fuerza Patria.
Los nombres en danza y un tablero superpoblado
La ambición del grupo tiene nombres propios. Federico Achával, con su gestión exitosa en el corazón industrial de Pilar, y Federico Otermín, pieza clave en la estructura legislativa y política de Lomas de Zamora, asoman como los candidatos naturales para este armado. Sin embargo, el camino hacia La Plata es una carrera de obstáculos: deberán enfrentarse a un tablero interno donde el kicillofismo ya tiene a sus «delfines» —como Ferraresi, Katopodis y Alak— y donde el cristinismo sostiene a Mayra Mendoza como una carta fuerte, mientras Mariel Fernández y Gustavo Menéndez también juegan su propia partida.
La estrategia del «cuarteto» es inteligente: evitar la etiqueta de «cuarta pata» para no romper los puentes con nadie. Se posicionan como articuladores entre Axel Kicillof y Cristina Kirchner, sabiendo que el tiempo de los intendentes es ahora, ante la imposibilidad de reelección del actual gobernador y su vice. En el Conurbano se respira una nueva dinámica: los jefes comunales ya no quieren ser solo los «garantes territoriales» de los votos, sino los dueños de la lapicera que defina el futuro de la Provincia.
